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2.10.09
66.

Como el tren venía de Alemania, me imaginé a un par de rubias con trenzas tomando cervezas idem y riendo a carcajadas. O al menos a un par de borrachines berlineses compartiendo chopps de cerveza negra espumosa... Pero no. Nada. Sólo dos de los taburetes redondos de la barra del vagón-restaurant/bar tenían una persona encima. Un gordo con sombrero de cowboy y la que aparentaba su mujer, una rubia platinada de grandes pechos y vestido largo ocupaban los últimos dos lugares, allá por el otro extremo del vagón. Por un instante me sentí en Las Vegas...

Cuestión que me senté en la otra punta y en inglés le pedí al mozo que me sirva un trago fuerte y que me haga dormir.

Ni idea lo que me dio, pero la bebida de colores quemó mi garganta y a los 3 minutos ya estaba de vuelta en mi asiento, con la cabeza apoyada en el vidrio y en estado alfa.

roy.
14.8.09
61.

Mosteká estaba llena de gente, como casi todos los días. Especialmente los domingos, miles y miles de turistas caminan por sobre los adoquines de la peatonal con comida en una mano, mapa de la ciudad en la otra, cámara de fotos colgada al cuello y mochila en la espalda. Y obviamente haciendo mucho ruido, razón por la cuál nunca pude dormir hasta tarde ni un solo día desde mi llegada.

Ese domingo a las 10 AM ya estaba esquivando contingentes de orientales y chocándome con parejas de ancianas alemanas y golpeando esas mochilas grandotas que los estadounidenses se empeñan en llevar a todos lados en lugar de dejarlas en el hostel. Había quedado en encontrarme con Tereza en el Metrónomo, ese péndulo gigante contruido a principios de los 90s en el lugar donde se eregía una monumental estatua de Stalin. Elegí ese lugar por un par de razones, pero principalmente porque nunca lo había visitado. El Metrónomo está un poco alejado del centro, en una plaza seca pero rodeado de árboles, mucho verde y con una linda vista de la ciudad. La idea era charlar un poco, arreglar cómo hacer para dejarle las llaves a Tereza, pues al otro día a la noche ya estaría en viaje a Budapest, y de paso almorzar, pasear, dominguear.

Linda sorpresa me llevé cuando al llegar al lugar me encontré con decenas de skaters haciendo piruetas no sólo sobre el cemento, alrededor de la base piramidal del péndulo, sino también en las escaleras, rampas y cuanto espacio de concreto haya disponible.

Alcancé a ver a Tereza subiendo desde la otra punta. Fui a su encuentro, nos saludamos, hice un par de fotos, y bajamos por el otro lado hacia el parque Letenské Sady, para estar un poco más tranquilos.

Roy
5.8.09
59.

Me tomé un taxi para volver. El primero que vi que pasó por ahí. Era muy tarde, hacía frío (ya dije que odio el frío en Praga, ¿no?), y para llegar a otro transporte público que me acerque había que caminar unos cuántos metros, mil ponele.

El taxista era lo más parecido a Bill Murray que jamás haya visto. Le mostré la dirección, hizo un gesto como cancherando y se dispuso a pasearme un poco como suelen hacer los taxistas por acá, especialmente con los que obviamente no son locales.

Llegamos relativamente rápido. Por suerte porque el tipo venía escuchando una radio de pop internacional y me tuve que tragar dos canciones, una de algo que me pareció Backstreet Boys, y pegadita la siguiente, un bodrio de Enrique Iglesias. Le pagué los casi 150 csk (coronas), que marcaba el reloj, algo así como 6 euros, me dio el recibito y me bajé.

¿Esperaban alguna aventura? Pues no. El taxi no chocó. El tipo no me robó. Ni siquiera se largó a llover.

Ah, bueno. Sí. Cuando quise entrar al edificio, me di cuenta que no tenía las llaves. O se me cayeron en el taxi o las había dejado en la mesa del cyber esa mañana, o apoyado en algún lugar de la Petřínská rozhledna cuando quise pagar algo... Cuestión que metí las menos en los bolsillos de mi campera y me senté en el umbral a esperar a Tereza.

roy
31.7.09
57.

One ticket to Budapest. Sólo uno. Para dentro de 5 días. El próximo lunes me voy de República Checa en tren hacia Hungría. Me quedan poco más de 100 horas para hacer todo lo que no hice en Praga en estos últimos 30 días. Por ejemplo, subirme a la Petřínská rozhledna, que es una especie de torre Eiffel más pequeña y desde donde dicen se observa toda la ciudad.

roy
30.7.09
55.

La computadora portátil que me había comprado en Tokio dejó de funcionar misteriosamente apenas pisé Praga. Imposible intentar con algún service aquí. Por el idioma, obviamente. Al principio quise aprender algunas palabras, oraciones y frases, pero no hubo caso. Es complicadísimo, la gramática cambia según la persona con la que hables y el sonido de las palabras es muy duro. A la semana ya ni me preocupé, y comencé a utilizar el lenguaje universal de señas del viajero (dónde, cuánto). Así que preferí no tener que lidiar con técnicos, servicios de atención al cliente y demases, y tampoco daba para molestar a Tereza en el poco tiempo que tenía libre, entonces dejé la compu dentro de mi equipaje y me hice habitué de un cyber atendido por un sudafricano buena onda. El local quedaba a un par de cuadras del depto, en la zona sur de Malá Strana, muy cerca del famoso Lennon Wall, del otro lado de la Plaza del Gran Priorato. Esa fría mañana, luego de haberme comprado un panecillo en una panadería de Lázeñská, me senté frente a mi computadora preferida, la que estaba próxima al gran ventanal, y vi el mail de Raf. Y le contesté. En unos días nos encontraríamos en Budapest.

roy
24.7.09
53.

El baño del departamento de Tereza era el lugar más frío del mundo. Recuerdo una noche que volvía caminado apurado por Mosteká, y me metí al baño del McDonald's de enfrente al imaginar la baja temperatura que me esperaría en esa especie de congelador con inodoro, pileta y bañera. La razón de tal microclima se debía en principio a los techos altísimos del departamento, tercer y último piso de un edificio en la zona de Malostranke. Pero además allá arriba, en un rincón inalcanzable, había una ventanita. Tereza decía que con esfuerzo, con ayuda de una escalera firme, y metiendo la cabeza por el pequeño cuadrado, se podía ver el Vltava desde allí. Cuestión que quién lo haya intentado algo habrá roto o forzado y desde entonces la ventana nunca pudo volver a cerrarse bien. Así es como un chiflete de dos centímetros aproximadamente deja entrar una corriente de aire que encuentra refugio junto a los los azulejos y hacen casi imposible una estadía de más de 2 minutos en el baño. El resto de la casa estaba bien. Calefaccionada y confortable, pero el toilette era la excepción. No exagero si digo que había que abrigarse para entrar.

roy
52.

De todos los lugares siempre me llevo algo. Sin embargo me costó hacerlo en Praga. Los checos son gente rara. No voy a negar que los japonenes, los chinos o los indios no lo sean. Pero uno se espera que lo sean, Están del otro lado del mundo. Lo extraño sería que sean parecidos a nosotros. En cambio acá, Europa, occidente, la expectativa es encontrarse con gente más o menos con costumbres similares... Bah, no. Costumbres no. Hasta los uruguayos tienen costumbre diferentes a las nuestras. Me refiero a su modo de ser, de vivir, de pensar... En estos 30 días en la "Madre de las Ciudades" no logré entablar una relación en serio con ningún checo. No me hice amigo de nadie. Me resultó dificilísimo hacerlo. Tal vez porque venía de oriente donde nunca pretendí nada más que tener contactos ocasionales con los nativos, hacer vida de turista, recorrer, hacer fotos y más que nada conocer el lado oscuro de la tierra (¿?). Entonces supongo que tampoco ellos estarían predispuestos a hacerse amigos de un flaco que aparentemente no demostraba un interés genuino en ellos.

roy
51.

Un mes en Praga es demasiado. Todo muy lindo, mucha cultura, muchos puentes hermosos, muchas catedrales y castillos bellísimos, monumentos, historia, etc, etc, pero ya. Basta, necesitaba moverme un poco, volver a la adrenalina de los primeros días de esta aventura, a la incertidumbre de no saber dónde pasar la noche del día siguiente... y encontrarme con Raf que no lo veía desde hacía un tiempo largo... De hecho, creo que nos habíamos separado en la India. Yo preferí evitar la parte oeste del continente asiático y me vine directamente para acá. Supongo que él se habrá quedado unos días en Bombay y de ahí, vaya a saber cómo, con algo rápido y barato, terminó en Medio Oriente. Supongo también que estará vivo. Siempre se las ingenia para atravesar los lugares como un espectador invisible. Además fue hace poco que recibí un mail, si no me equivoco desde alguna parte de Israel, y me decía que para estos días estaría en Europa central. ¿Alemania? ¿Hungría?

roy
3.10.07
47.

El techo del departamento de Praga parecía que se venía abajo. Descascarado en sus incontables capas secas y viejas de pintura de diferentes tonos de ocre, amenazaba con desprenderse de la estructura del edificio. No era desagradable, sino relajante y casi hipnótico. Media hora era el tiempo mínimo diario que le dedicaba desde la cama al despertarme. No era nada especial. Sólo un techo viejo. Y yo lo miraba.

roy