31.3.06
5.

Tokio!!! Ok, es simple. Las calles son de ciencia ficción, los nativos son raros, el idioma es bizarro, los olores y las comidas son imposibles. Ya sufrieron el fin del mundo, dos veces, y se nota en cada partícula de brisa artificial que sopla entre neones y hologramas.
Tokio es el futuro.
Mientras mi alma vuela a velocidad jet-lag para reencontrarse conmigo, acá...
" I walk the streets of Japan till I get lost
Cause it doesn't remind me of anything..."

Raf.
30.3.06
4.
Un tarado, como casi todos. O la gran mayoría. Primero que por qué viajaba, después que cuándo volvía, si iba a otros lugares... Qué te importa loco!!! Sellame el maldito pasaporte y listo, qué tanta pregunta, no me estoy escapando de nada, no me busca la Interpol, ni la Side, ni el Sindicato de Camioneros... Y es que estaba sentado en mi cómodo sillón de bisnis clas y todavía tenía bronca por el ¿oficial?, no, empleaducho de Aduanas... Raf había aguantado 16 minutos sentado, y luego desapareció hacia Primera, o el baño, o se había enredado con una aeromoza... no sé, no me importaba, el viaje sería largo... justamente por eso, ya habría tiempo para dormir, contracturarse, pedir bloddy marys, naipes, y todas las pavadas que se nos ocurran con tal de molestar a la mayor cantidad de gente posible... y sí, loco... en todos los vuelos siempre hay un molesto y siempre lo han molestado a uno. Este viaje sería mi pequeña venganza hacia todos los que alguna vez se agarraron de mi asiento, lloraron incansablemente, pedían ir al baño cada 3 minutos y volcaban cuánto líquido les servía. Entonces me paré, me choqué con una azafata oriental a la que le toqué un poco la cola, le dije un piropo, me sonrió y siguió hacia adelante. Yo, corrí la cortinita que nos separaba de la chusma, y me fui pal fondo del avión donde estaban las estudiantes suecas con las que obviamente ya había entablado relación en el aeropuerto. Objetivo: sexo, sino cuál otro. ¿Dónde? Ah, no sé. Bajo una frazada en mi asiento, en el baño, veremos.

roy
29.3.06
3.

Noche eterna. Sobre Sudáfrica o el Océano Pacífico, quién sabe. Pasan Syriana en las pantallas de los asientos. Las agujas de mi reloj empiezan a girar al revés. Me tomo 2 aspirinas, no sé para qué. En el baño, hola Laptop, prendo un Galoise Red. Humito, sonrisa, cof cof. Listo, misión cumplida. Salgo y la aeromoza fea a quien Roy le viene tirando los perros desde que subimos me putea en mandarín o algo así.
Como sea, faltan cada vez más horas, y siempre, siempre, es de noche.

Raf.
28.3.06
2.
El chofer del remís estaba loco. Fue casi bueno pisar las baldosas espiraladas de Ezeiza después de 25 minutos de furia al volante. O no tanto. Me recordó lo borracho que estaba -Yo-. La perspectiva de diecisiete horas dentro de un aerosol con alas me pone nervioso, y entre meter las medias y los mp3 para el viaje, nada como un par de vodkas con granadina. Atrapé un carrito que chillaba como una rata malherida y jugué a entrar-salir con las puertas automáticas por un rato. Todo muy divertido. Nos vamos con Roy - que ¿dónde carajo estaba? -hacia Asia, genial. Por un buen tiempo, hasta cuando se pueda. Pero de pronto las ví, como las coloridas siluetas de un mal presagio: Azafatas, varias desfilando juntas, uniformadas, perfectamente maquilladas... y feas. Pensé en la misión numero uno: lograr infiltrarme en el avión con una tableta entera de aspirinas, sin que me las confiscaran. Pensé en las azafatas, que ya no venían como antes. Y me dormí, creo.
Hasta que alguien demasiado parecido a Roy me despertó para subir escaleras mecánicas y esquivar laberintos de perfumes. Ya está todo- me dijo- y le creí.

Raf.
1.
-Two tickets to Tokio-, le dije a la minita del mostrador. La japonesa estaba muy buena, y como todas, sonreía... Raf había llegado al aeropuerto hace un rato, y ya lo había perdido entre pasajeros de último momento, niños llorando y un grupito de estudiantes universitarias de intercambio de suecia. Está bien. Vale la pena perderse entre las chicas estas, pero bueh... De repente una mano me alcanzó el pasaporte de Raf. Se lo presenté a la japonesa del mostrador, hizo los trámites necesarios, le tiré unos galgos, que obviamente rebotaron, y luego de unos minutos, ya tenía los dos boletos para tokio, clase busisness, para dentro de 3 horas.

roy.