24.5.06
39.

And to be yourself is all that you can do...
To be yourself is all that you can
All that you can do.
Yeah....

(o sea, nada de Harrison, por ahora)


Raf.
38.

Bicicletas. Pies descalzos. Bullicio, gritos incomprensibles, piedras más viejas que la memoria, ánimales en jaulas y coches importados. Edificios como árboles de navidad. Comida cada vez más extraña...
Imágenes. A uno le van quedando imágenes. Jade... allá en la habitación/ataúd.
El futuro o bladerunner en Tokio y en Shanghai. Y perderse. Perderse por túneles y galerías y bares y sin embargo es cierto. Es imposible escapar de uno mismo.
Ahora el Laberinto de manos, papeles y voces. Ahora el tren.
Las fosas nasales se abren para sentir qué es esto, ¿A donde vamos? Hacia adelante, junto con toda esta gente, mirando las montañas y los basurales y ríos cuyos nombres nunca vamos a saber.
No entiendo en qué planeta están las rubias de Roy. Son bonitas. Y no las escucho. Pero son parte de una alegría común: el tren. Ese ruido increíble, el viento de jardines y pueblos fantasmas que van pasando. Y avanzar....
Raf.
23.5.06
37.
Beijing resultó ser más linda de lo que pensaba. La gente es muy respetuosa y amable. Esa sensasión de caos y falta de espacio que uno supone de antemano fue evaporándose a medida que caminaba entre parques cuidados, calles arboladas, avenidas muy ordenadas y carteles olímpicos de Beijing 2008. Camino al hotel en que se alojaban las dos gringas pasamos por la estación de trenes. Estuve indeciso unos minutos. La imagen de China que tenía había cambiado y me habían dado ganas de quedarme unos días más. Se hacía de noche, las luces se empezaban a encender y la gente comenzaba a desaparecer de las calles. Pedí que me acompañen al hall central. Si veía un destino interesante y que saliera más o menos pronto, compraba pasajes. Si no, esperaba a Raf a la noche y decidíamos.
-Ey! Look!- dijo una de las chicas, y señaló al gran tablero del hall central que indicaba las salidas y llegadas de los trenes.
La última línea del tablero indicaba que a las 5.14 salía un tren con destino final Bombay.
India. Buena idea. Listo, Raf estaría de acuerdo. Les pedí que me acompañen hacia las boleterías. Busqué alguna para turistas o que indique que el empleado hablara inglés y me acerqué.
-Two tickets to Bombay- le dije a la china detrás del vidrio.
-Make it four- agregó sobre mi hombro izquierdo una de mis nuevas amigas norteamericanas.

roy.
12.5.06
36.

-You guys ok?
-Yeah, sure, thanks...
-Is everything okey? They let you free?
-Yes. We're cool. They say that the ones in trouble were the other guys. We've just met them today. We dont know them...
-Yeah, actually, we were just hanging out with them, but we didnt do anything. We didnt appear in any photo... we didnt even have cameras!!!
-Aha... So...-, las miré, estaban muy buenas las dos...- You guys still hungry?
-Oh, yeah!!!
-Definitely!!!
-Wanna go grab a bite?
-Sure!, - dijeron las dos a la vez.
-Great, - les contesté,- but.... we have a little problem... I'm kinda lost... and I dont like chinese...
Se rieron.
-Hey, you know what? We should go to our hotel.
-Yeah, totally. Wanna come?

roy.
35.

Como de costumbre a Raf lo había perdido unas horas antes. Claro, él sabe hablar en mandarín... En cambio yo prefería interactuar lo menos posible. En China la gente es parca y fría. Y teniendo en cuenta que a veces yo también lo soy, bingo! Horas sin hablar con algún otro ser humano. Ni ganas de preguntarle algo a algún turista con mapa sacando fotos en la Plaza Tiananmen... Justamente, me encontraba yo dando vueltas en la famosa plaza, en las inmediaciones de la Ciudad Prohibida cuando unos estadounidenses se acercaron a donde estaba yo. Prepotentes, arrogantes y ruidosos como el turista medio norteamericano, este grupito no era la excepción. Comenzaron a sacar fotos en la la gran puerta y a molestar a los guardias. Las fotos no eran las comunes que todo el mundo se saca ante un monumento o lugar histórico, sino que empezaron a posar de maneras provocativas, a bajarse los pantalones deportivos y un par de chicas del grupo a levantarse sus buzos y mostrar sus pechos. Gritaban, saltaban, corrían, se burlaban de los guardias, caminaban con gestos nazis, exclamaban por su país y exigían "libertad". Todo en un marco de joda, burla y falta de respeto. Yo me quedé parado, casi incrédulo del espectáculo que veía. Unos turistas europeos se alejaron espantados, otros creo que mexicanos no entendían lo que pasaba y siguieron de largo hacia el mausoleo de Mao. El resto de la gente, chinos en su mayoría, miraban no con cara de espanto, sino con esa mirada calma que sin dudar refleja un "pobres infelices"...
Quise retratar el momento, se me ocurrió sacarles unas fotos a ellos, no sé, documentar, como se suele decir. Mal. Error. En el momento en que saqué la cámara unos siete mil soldados salieron de no sé donde, nos rodearon y apuntaron. Me quedé congelado. El círculo que armaron era lo suficientemente grande como para abarcar a los ocho gringos, una pareja de ancianos de no sé donde y a mí. Dos camionetas inmensas salieron de la nada, y sin darme cuenta cómo, lograron meterme dentro de una de ellas, no sin antes "secuestrar" nuestras cámaras de fotos. Lógicamente nos dividieron en dos grupos. En mi camioneta subieron a la pareja de viejitos, que luego me enteré que era de Lituania, y a cuatro de los gringos, tres chicas y un pibe, que se largó a llorar a los dos minutos. Cuando nos bajaron en lo que parecía ser una estación de policía, una de las chicas, la rubia de pelo corto, también lagrimeaba del susto. Nos llevaron a un cuarto bastante amplio amueblado solamente con una mesa/escritorio y unas sillas. Tenía una sola ventana, bien alta, por lo que no podíamos ver hacia afuera. Al principio obvio que tuve miedo, casi pánico. Pero al ver a los lituanos tan tranquilos, decidir adoptar su actitud y no dejarme llevar por el llanto de la parejita de gringos. Las otras dos chicas, sorpresivamente, no parecían preocupadas. Es más, trataban de disimular su risa. Tal vez reian de nervios... pero no quise preguntarles qué les pasaba.
Contra lo que me imaginaba, un guardia pareció enseguida, dijo unas cosas en chino, y cerró la puerta con un típico portazo. A los dos minutos entro otro guardia y nos habló en inglés. Nos dijo que el otro grupo estaba en otra habitación igual a esta a unas diez cuadras y nos pidió los pasaportes. Por suerte no se los llevó. Sólo quería saber de dónde éramos cada uno de nosotros para comunicarse con nuestras embajadas. Por el momento estábamos detenidos por tiempo indeterminado. Los lituanos no hicieron gesto alguno, la pareja de gringos lloró más fuerte y las otras dos chicas, se rieron con la boca cerrada. El tipo se fue cerrando gentilmente la puerta. Hubo silencio. Unos minutos hasta que una de las chicas, que ya estaban sentadas en el piso contra la pared y bajo la ventana, habló.
-I'm hungry-, dijo.
-Me too-, contestó la otra.
La respuesta me salió automática:
-D'you like chinese? We can order some if you like...-
Las dos soltaron una carcajada.
En ese momento apareció de nuevo el oficial que hablaba inglés. Nos pidió que pasaramos de a dos a un cuartito al lado. Como éramos impares me ofrecí a pasar último, cosa que me negaron y que ellos decidirían quién pasaría y cuando. Pararían los ancianos primero, los llorones después, luego yo, y finalmente las dos chicas. Llegado mi turno, el miedo volvió. Escoltado por un soldado, entré a una habitación muy luminosa. Dos oficales chinos esperaban sentados detrás de un amplio escritorio con un par de carpetas, papeles y mi cámara de fotos. Me hicieron muchas preguntas, las clásicas de dónde era, de dónde venía, a dónde iba y si conocía al resto de los "detenidos". Uno de los oficiales, que hacía de intérprete me dijo que habían chequeado mis datos, que estaba todo bien, que no había relación alguna con el grupo de norteamericanos, que confirmaron con mi hotel, que en mi cámara no había fotos ofensivas y que comprendiera el porqué de mi detención, no sin antes pedirme perdón y preguntarme si tenía alguna declaración. Les dije que entendía a la perfección, que no estaba de acuerdo con el espectáculo que me tocó presenciar, pero a la vez me preocupaba por la situación de los ocho estadounidenses. Muy amablemente me respondieron que no era algo por lo que yo debiera preocuparme, me agradecieron y me pidieron que me lleve la cámara. En ese momento, cuando me levantaba y el oficial armado me acompañaba a la puerta, entro un tipo de traje, medio enojado y gritando en inglés. Era de la embajada norteamericana. No alcancé a escuchar toda la conversación pero obviamente reclamaba por sus conciudadanos.
Afuera del edificio, me senté en una plaza. No sé. No sabía para dónde ir, ni qué hacer, entonces decidí esperar. Pensar. Descansar. Raf, la muralla, Shanghai, China. Y Neve, la holandesa. La pareja de viejitos lituanos, los llorones, las otras dos, los oficiales, el tipo de la embajada...
Sin darme cuenta pasó casi media hora. Me levanté sin saber muy bien qué hacer y vi que de enfrente salían las dos norteamericanas. Me crucé y las encaré.

roy.
34.

La verdad que me aburre. Todo muy lindo, muy grande, impresionante... Yo qué sé... Si hay algo que tengo en el debe, es cultura oriental, más precisamente china. De Japón y sus samurai, sus ronin, su Imperio del Sol Naciente, Karate, ninjas y geishas, sushi, sake y sudoku, guerras, harakiris y kamikases, Nintendo, Sony y Toyota, el tren bala y el Monte Fují (que no lo pude ver!) estoy más o menos cubierto. Pero de China. Siento una gran verguenza. Más hacia su pasado. Lo reciente está incorporado más por ósmosis y actualidad que por interés, debo admitir. Mao y la Revolución. Comunismo y amenaza y el miedo de Mafalda de que salten todos a la vez y el mundo salga de órbita o de que uno solo aprete un botón y sea el último suspiro de el resto. Sí, Marco Polo estuvo por acá y se llevó los spaghetti. Gengis Khan cabalgó una y otra vez. Confucio y la dinastía Ming lideraron a millones, cada uno a su manera. Y hasta ahí llego. Su milenario y difisilísimo idioma complican mucho más las cosas. El japonés al menos me parece más simpático al oirlo, pero el chino casi que me desagrada. Y lo peor es que tampoco me llama mucho la atención. Siento que debería aprender un poco más por obligación. Pero acá, sentado en esta muralla, LA muralla, por la que tanta gente murió, ya sea construyéndola o intentando cruzarla, miro para todos lados y todo me parece gigante. Así como los colores tienen nombres como azul cielo, o rojo sangre, debería haber un adjetivo que sea "gigante chino", para explicar de una sola palabra lo que representa este país. Sé que habrá cientos, miles de cosas interesantes por ver, escuchar o sentir. Pero ahora, en este momento, en el medio del infinito y con millones de ladrillos grises que separan nada más que un mar de arboles, colinas a la distancia y muchas rocas más lejos aún, me pregunto qué hago acá. Tengo frío. Y me quiero ir.

Y encima Raf que escucha a los Enanitos Verdes... ¿Cuándo sale el primer tren hacia algún lado?

roy.
33.



Estoy parado sobre la Muralla que divide.
Todo lo que fue de lo que será...
El bien del mal. La ficción de lo real. China de más China. Yo de mí.
Parado sobre la muralla... me espían cámaras satelitales, jefes que me controlan, hackers que me atacan, agencias que sospechan, avioncitos bombarderos no tripulados y marines descerebrados y alambrados y torturados de un lado de la muralla y del otro también y a veces es algo confuso.
Pero eso es porque estoy acá arriba, en el medio. Cierro la laptop.
Y me dedico a mirar el sol.
Im not the only one.

Raf.
8.5.06
32-

Miles murieron bajo mis pies, bajo estas piedras, por muchos años. Este muro que se ve desde la luna que no pisábamos. Ladrillos para dejar afuera a los de afuera, y adentro a los de adentro.
Entre montañas. Entre turistas que sonríen. Y está bien.
Estas cosas hace el hombre. Murallas más largas que una vida.
También no sonríe, apenas contempla, calla. Supone que ese viento helado que sopla en su pecho... es emoción.
Se calza las lentes oscuras, y prende un pucho.

Raf
4.5.06
31.

Dormir dentro de cajas de carton que forman un túnel, casi un laberinto en una estación de subte innombrable no fue la experiencia más grata del mundo. Mis compañeros de habitación: dos chinos que juraban ser ex científicos genéticos - desauciados por experimentar con osos panda, que están en peligro de extinción - e intentaban explicar o imponer sus fórmulas a los gritos. Un hacker ruso que no hablaba con nadie, pero si uno pispaba, en las ventanas de su laptop veías pasar users y passwords de bancos, agencias de seguridad, instituciones militares... daba miedo. En especial si uno se preguntaba que hacían todos ahí.
Pero también Esmeralda. Esmeralda es de ficción, pero es real. Gitana robaste mi alma. Esmeralda dice ser actriz y dice estar preparando un papel para una película de Alejandro Amenábar. Está ahí, en el submundo, desde hace ya dos semanas. Y ni con todo el polvo de fluorescentes oxidados y los papeles de diarios amarillos y botellas de vodka de arroz que la rodean deja de ser una de las criaturas más hermosas que he visto. Demasiado.
- En cuanto encuentre mi hotel me voy a la gran muralla - le digo.
- Yo me quedo - me dice.
Y yo salgo a las calles, a la neblina química de Shanghai. Me pierdo de nuevo entre tuberías gigantescas, multitudes acorraladas y bicicletas transparentes. Hasta que me encuentro.
En una calle cualquiera. Con Roy.

Raf.
3.5.06
30.
Me despertó un trueno. Corrí las cortinas y una pesada lluvia caía sobre el laberinto de edificios de acero y vidrio iluminados de varios colores, casas con techos de chapa y calles atestadas. Miles de lucecitas se movían allá a lo lejos, en la bahía, al ritmo de las olas. Me dió hambre. Y el hambre lo puede todo. Me puse el sombrero de cowboy que Jade le había regalado a Raf y bajé. La mejor solución al miedo es enfrentarlo... y qué mejor que con un sombrero de cowboy!!!

roy
2.5.06
29.
Poco más de una semana y ya me puse nostálgico. Raro en mí, que no soy muy apegado a la rutina (digamos que casi nada), ni afecto a quedarme en un solo lugar... Tal vez porque el hecho de estar de este lado del mundo se parezca más a estar en otro planeta. No sé. El idioma. Los ojos rasgados. Me pregunto si no deberíamos haber empezado por Uruguay en vez de las antípodas. Digo, para aclimatarnos un poco... Así, de golpe, es muy fuerte. Todo. El choque cultural, como suelen decirle. Sin embargo, a randes rasgos, es casi lo mismo. Lo que te da vueltas es lo otro. Lo pequeño, lo infinito. Y todo es tan distinto, que ya no sabés si es igual...
Son las seis de la tarde. Y lo sé por el reloj despertador que escupe segundos digitales de color rojo y los proyecta en las cuatro paredes. Es la única luz dentro de la habitación del hotel en Shangai. Hace muchas horas que cerré las cortinas y no las volví a abrir. Podrían ser las cuatro a.m., o las 11:37 de la noche. Da lo mismo, pero sé que no. El maldito reloj despertador me dice que ya asó un minuto de las dieciocho. Y sigo acá. Tirado en una inmensa y cómoda cama vacía. Shangai me da miedo. Y me intriga. Tal vez justamente por eso. O al revés. Me da miedo porque me intriga o me intriga porque me da miedo? Hace más de un día que no me decido. Creo que cuando lo sepa, saldré. No sé...

roy.
28.

Ah, cierto. El diario de viaje. Pero cuando se trata de vida o muerte, de supervivencia, de prioridades, uno piensa que es Rambo y que se va a cauterizar la herida con un cuchillo caliente y pensando en eso se olvida de escribir. Prrshhhhgggzzzz...! En fin.
Llevo 2 días perdido en Shanghai. No sé si por las pastillas o por el GPS que me compré en Tokio, que me zumba y tira alertas rojas y traduce nombres de estaciones de subte al húngaro. No encuentro el camino de vuelta al hotel y nadie sabe decirme. Está lleno de chinos que sólo hablan mandarín cerrado. Y de norteamericanos que no saben más que balbucear paranoias. Y de británicos nostálgicos.
Edificios, arroz frito, espejos, lluvia de neón.
Estoy en Blanderunner.
No me siento demasiado humano.
De hecho mi compañero de fuga es Roy, el líder de los replicantes.
Pero dónde está Rachel?
Raf.